Aguafuerte perteneciente a la serie Nosotros no somos los
últimos (1970), de Zoran Music
Entender la
Venezuela de hoy requiere cambiar el enfoque tradicional. Ya no alcanza con
debatir la falta de legitimidad de Nicolás Maduro como eje del análisis
político. Más allá de esas discusiones, que han monopolizado la agenda
opositora durante la última década, el verdadero motor que sostiene el país es
un pacto pragmático entre las élites gobernantes y empresariales. Este pacto
sostiene un orden frágil donde la miseria se vuelve habitable, una “nueva
normalidad” que ha mutado y se consolida pese a las crisis, sanciones y
protestas.
Desde la
llegada de Maduro al poder en 2013, la oposición venezolana centró sus
esfuerzos y discursos en denunciar la ilegitimidad del régimen. Los debates,
tanto en salones académicos como en despachos diplomáticos, giraron en torno a
estrategias basadas en este eje: ¿qué acciones podrían reforzar la ilegitimidad
y precipitar la caída del chavismo? Así surgieron reconocimientos
internacionales simbólicos —como el nombramiento de Juan Guaidó en 2019 y el
respaldo a Edmundo González tras las elecciones de 2024— que, sin embargo, no
lograron alterar la realidad política interna.
En 2025, hechos
concretos evidencian la continuidad del régimen. Por ejemplo, Chevron renovó su
licencia petrolera en Venezuela sin mayores obstáculos ni escándalos, a pesar
de la persistente condena internacional por la ilegitimidad del régimen y las
sanciones impuestas desde 2017. Este gesto habla de una realidad: para el
capital extranjero, la legitimidad formal es un tema secundario frente a la
estabilidad para asegurar ganancias.
Adaptación y
sobrevivencia del chavismo
La resiliencia
del chavismo no es accidental. Frente a sanciones individuales y económicas, el
régimen ajustó sus estrategias con medidas concretas y cronológicamente
visibles: por ejemplo, en julio de 2025, la administración de EE.UU. otorgó la General
License 41, permitiendo a Chevron retomar operaciones en Venezuela bajo
ciertas restricciones; a inicios de agosto, los primeros cargamentos de crudo
producidos entre Chevron y PDVSA salieron hacia refinerías estadounidenses, con
un aporte estimado de 200.000 barriles diarios que podría llevar la producción
nacional a 1,2 millones de barriles y un crecimiento proyectado del 2 % para
2025. En el sector de telecomunicaciones, Telefónica anunció en febrero de 2025
una inversión de 500 millones de dólares para ampliar la red 4G e iniciar el
despliegue del 5G tras obtener licencias de Conatel.
Este modelo de
liberalización económica no oficial y parcial, que comenzó a
desarrollarse a finales de la década pasada, se ha profundizado en 2025,
reactivando circuitos económicos dolarizados y generando empleo en sectores
clave como la minería, la extracción petrolera y el comercio en grandes
ciudades. Así, el país ha logrado evitar el estallido social masivo que muchos
anticipaban, a pesar de una crisis económica que continúa golpeando a la
mayoría.
El “nuevo
Caracazo” no ocurrió. La ilegitimidad, por sí sola no derribó al régimen.
Porque, como ha demostrado la historia venezolana reciente, el poder político
se sostiene con algo más que reconocimiento legal o internacional: con
capacidad concreta de ejercer autoridad y garantizar un mínimo de orden.
Anatomía del
poder chavista
En el centro
del poder se encuentra la Camarilla Cívico-Militar, integrada por altos mandos
de las Fuerzas Armadas y funcionarios del Ejecutivo. Aunque con tensiones
internas, este bloque mantiene cohesión suficiente para evitar fracturas
mayores, conscientes de que su caída significaría pérdida absoluta de privilegios
y libertad.
Este grupo no
depende del apoyo popular ni empresarial para mantenerse en el poder. Ha
demostrado que puede sobrevivir en aislamiento. Sin embargo, para sostener esta
normalidad social y económica, necesita contar con una clase dominante
capaz de administrar la economía cotidiana y mantener la sociedad en
movimiento.
De esta forma,
el chavismo ha sellado una alianza con la boliburguesía y las élites
empresariales tradicionales, incluyendo a ex opositores y nuevos inversionistas
extranjeros. Esta clase dominante administra inversiones, salarios y circuitos
económicos vitales para la estabilidad del país.
En 2025,
sectores como el Arco Minero del Orinoco siguen siendo el motor económico del
país, sustentados por capitales internacionales provenientes de China, Rusia y
Turquía, además de intermediarios financieros en Panamá y los Emiratos Árabes
Unidos que compran y refinan minerales como oro, coltán y diamantes. También
intervienen inversores privados y redes comerciales informales de Brasil,
Colombia e India, así como capitales vinculados a economías ilícitas que
financian maquinaria y logística. Este marco regulatorio, aunque informal,
mantiene el flujo de dólares y garantiza que la dolarización parcial facilite
las transacciones y asegure un ingreso mínimo para amplios sectores urbanos.
La vida
cotidiana bajo la nueva anormalidad
Para la mayoría
de los venezolanos, esta normalidad que ya mencioné es una mezcla
compleja de precariedad, adaptabilidad y resignación. La clase media, golpeada
por la crisis, recupera en algunos casos mínimas condiciones de vida y muestra
apatía política, prefiriendo la convivencia pragmática con el régimen para
evitar nuevas tragedias sociales.
Por otro lado,
los sectores populares marginados y rurales permanecen excluidos de estos
circuitos. Allí, la pobreza extrema, la represión y el terror institucional —a
través de colectivos armados y cuerpos especiales como el FAES, p. ej.—
mantienen el control social con costos mínimos para las élites.
La cultura
política está marcada por el cinismo y la desafección. Muchos evitan la
política activa, enfocándose en la supervivencia diaria y en aprovechar cuando
sea posible los pequeños recursos o ayudas estatales sin mostrar lealtad
alguna.
Protestas y
resistencias en 2025
En julio de
2025, Venezuela vivió una nueva ola de protestas, especialmente en barrios
populares de Caracas y otras ciudades. Las manifestaciones fueron reprimidas
con rapidez y dureza, evidenciando la capacidad del Estado para controlar el
descontento social.
Los liderazgos
opositores, golpeados por encarcelamientos, exilios y violencia, han perdido
presencia en la calle.
La
fragmentación y la ausencia de un proyecto político unificado han debilitado la
capacidad de movilización masiva, haciendo que la resistencia popular sea
esporádica y localizada.
Pero, ¿Hay
salida?
La oposición
enfrenta una encrucijada. ¿Debería intentar romper esta normalidad
forzando una crisis que fracture el pacto entre la camarilla cívico-militar y
la clase dominante? Históricamente, el chavismo ha demostrado sobrevivir a los
embates económicos y sanciones, adaptándose incluso a crisis severas.
Por otro lado,
el capital extranjero continúa fluyendo, atraído por la estabilidad relativa y
las ganancias, sin importar la legitimidad del régimen. En 2025, la realidad
confirma que, para estos actores, la clave es la estabilidad, no la legalidad
formal. Esto sugiere que las alternativas viables para Venezuela deben surgir
desde dentro, a partir de un diagnóstico realista y profundo de esta nueva
normalidad, de sus actores y dinámicas, y no solo desde el discurso sobre
legitimidad o sanciones.
La historia
contemporánea de Venezuela sigue escribiéndose. ¿Será posible trascender esta
nueva anormalidad? ¿Qué actores y procesos podrán generar un cambio verdadero
en un país que ha aprendido a sobrevivir en el borde de la crisis permanente?
Referencias bibliográficas
Asamblea
Nacional Constituyente de la República Bolivariana de Venezuela. (2020, 12 de
octubre). Ley Constitucional Antibloqueo para el Desarrollo Nacional y la
Garantía de los Derechos Humanos. Gaceta Oficial Extraordinaria N° 6.583.
Muñoz, R.
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Venezuela en dos años. Cinco Días. Recuperado de [link]
Reuters. (2025, 12 de agosto). Chevron-chartered
tanker docks at Venezuela to load oil after new US license. Recuperado de [link]
Reuters. (2025,
15 de agosto). Dos primeros cargamentos de crudo venezolano de Chevron tras
nueva licencia parten hacia EEUU: datos. Recuperado de [link]
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